ÿþ No debería jugar con gente que cuando coge un volante, es porque conduce un coche, cuando dispara una pistola, es para matar a una persona de carne y hueso,y no para sumar puntos y vidas extra. Sólo debería decirles que empuñen las armas cuando realmente la mía sea también de metal, no una burda imitación de plástico. El problema viene cuando, a veces, crees empuñar una espada de verdad, cuando crees que el volante que roza tu piel es el auténtico control de un objeto de casi dos toneladas. Y en nombre de esa imagen real, llamas a las armas al pueblo, para, una vez en la batalla, descubrir atónito que tu espada no mata, que tu coche no derrapa, que tu pistola sólo emite sonidos siderales. Pero ya es tarde para decir a tus hombres que no maten, para decir que no busquen la velocidad límite. Ellos ya están bañados en sangre, ya no tienen manos, sus cuerpos están deformados por el calor. Deberé clavarme antes la espada y sentir el dolor, sentir el calor de la sangre, sentir cómo la vida se escapa en el último grito a la guerra, el último grito a luchar, el verdadero grito final...